La Consciencia: una solución elegante al problema de integrar información incompleta en el tiempo
Hay una intuición muy arraigada en la cultura: la consciencia sería una especie de luz interior, un “algo” fundamental que habita dentro de nosotros y nos permite sentir la realidad tal como es. Pero si la observamos con cuidado, la imagen cambia radicalmente. El cerebro no recibe la realidad. Recibe señales. Variaciones de presión que llamamos sonido. Radiación electromagnética que llamamos luz. Cambios químicos que llamamos olor, sabor, emoción. Todo lo que consideramos experiencia llega como datos fragmentarios, ruidosos, incompletos. El sistema nervioso nunca accede al “mundo en sí”, sino a una corriente de información parcial que necesita ser interpretada para volverse utilizable. En ese contexto, la consciencia puede entenderse no como una sustancia ni como un misterio inexplicable, sino como una estrategia computacional extraordinariamente sofisticada: una solución elegante al problema de integrar información incompleta en el tiempo. El cerebro como modelo que se reentrena...